jueves, 10 de abril de 2014

El agridulce sabor del destierro…

Quizás seas alguna de esas personas que, por circunstancias de la vida, has tenido que abandonar tu lugar de origen, ese lugar que te recibió desde tus comienzos, que no te exigió una serie de requisitos para darte la bienvenida, que no te puso a prueba para ver si encajabas, sino que desde el primer momento, con los brazos abiertos, te dio las gracias porque sabía que formarías parte de él.

Si es así, reconocerás que el “allá y entonces”, donde todo era conocido, compartido, criticado pero al mismo tiempo amado, de la noche a la mañana se convierte en el único referente social para enfrentar una crisis “temporal” (en el mejor de los casos) de nuestra identidad. El sentido de identidad sufre una transformación que implica desprenderse de lo “indesprendible” (aquello que le da sentido a la vida) y reaprender nuevas costumbres, nuevas estructuras, nuevos valores (…)

Lo que queda detrás se transforma, a modo de mecanismo defensivo, en fantasía. Se aminora lo negativo y se exalta lo agradable y reconfortante, aumentando así el anclaje afectivo a través de lo que va quedando de un recuerdo melancólico. Al mismo tiempo, el presente se vive (al comienzo) como una negación transitoria, desde una percepción de inadecuación, en ocasiones muy traumática, proyectándose continuamente a un futuro más que nunca incierto y amenazador.

Si a esto le acompaña el hecho de que la migración surge como producto de una imposición o necesidad de supervivencia, la crisis de identidad se complejiza debido a que ese único referente social conocido, también es cuestionado, provocando un dolor muy intenso, además de confusión e incluso sentimientos de minusvalía durante el proceso de adaptación.

Y así, como cuando se extrae una planta de raíz y se siembra en otra maceta, te ves en la necesidad de adaptarte a otro sustrato, conocer sus alimañas, comenzar lentamente a echar de nuevo raíces, hacer que las antiguas se adapten a las nuevas condiciones ambientales y poco a poco, volver a florecer en ese otro lugar; distinto, ajeno…

No deja de ser un duelo que pide a gritos una nueva estructura, pero este proceso de reconstrucción no parte de la nada, debe iniciarse desde una continuidad “voluntaria” y debe ser entendido y vivido como un enriquecimiento de la propia identidad. Es decir, reconstruirnos desde una perspectiva de ganancia y no desde la percepción de pérdida.

Esto implicaría comenzar a edificar tu presente abierto a nuevas y enriquecedoras vivencias que te harán descubrir nuevas facetas personales, nuevos recursos, nuevos puntos de vistas, distintos ritmos de vida que se irán convirtiendo progresivamente en tu aquí y ahora.

El desarraigo incluye muchos pormenores, causas y consecuencias diversas; es vivido cuando la persona es despojada de su círculo afectivo y esto puede darse en procesos parciales o totales y como producto de situaciones muy complejas. Desde el punto de vista de este artículo, nos impacta de muchas maneras, nos marca la vida dejando una huella indeleble porque nos hace conscientes de una gran carencia que nos impulsa a una búsqueda insaciable del estado “ideal”; con lo cual podemos incurrir, desde la insatisfacción del presente, en una eterna búsqueda del origen.

Sin embargo, cuando por fin nos damos cuenta de que somos el principio y el final de nuestra historia, que nada ni nadie podrá arrebatarnos eso que desde el inicio SOMOS, también entendemos que esta visión no es ni será nunca limitada, sino que se enriquece cuando aceptamos lo que ocurre y nos damos la oportunidad de fluir con el proceso.

 En la medida en que amemos con respeto y sin rechazo nuestra historia, será más gratificante encontrarle un sentido a nuestro presente, resultará más fácil la adaptación a una nueva tierra que nos aportará nuevas experiencias, dándole una continuidad a nuestra biografía y a la cual podremos también aportar y recrear con nuestras riquezas.


Y así como ocurre con las plantas, algunos se toman más tiempo que otros para florecer e incluso, otros no sobreviven al proceso…Afortunadamente nosotros sí que podemos “darnos cuenta” de esta agonía y podemos decidir comenzar a darle otra perspectiva a nuestra realidad. No siempre se escoge el suelo, pero siempre podemos elegir cómo vivir cualquier proceso de cambio de modo que se convierta en un florecido proceso de crecimiento personal.

www.saludyvidaaquiyahora.com

jueves, 20 de febrero de 2014

El miedo al fracaso nos conduce a sentirnos fracasados.


Mucho se habla de la zona de confort, de que somos seres de costumbre, dependientes de la “estabilidad” y que por lo tanto nos aterroriza el cambio… y en efecto, es cierto. Sin embargo, nos hemos puesto a pensar cuánto perdemos en esta vida por esta constante evitación…?

Somos conscientes de que cuando elegimos “no movernos” porque nos da miedo el fracaso, aceptamos al mismo tiempo sentirnos fracasados? Al quitarnos la oportunidad de descubrir quiénes somos realmente, de explorar nuevas posibilidades de acción, de sumergirnos en la búsqueda de nuestras potencialidades, de atravesar por situaciones que nos fortalezcan la voluntad y la autoestima, nos limitamos a no saber qué queremos hacer realmente con nuestra vida y a no descubrir “aquello” para lo cual hemos sido creados.
 Te has puesto a pensar cuántos recursos dejas de lado, tantas zonas sin explorar de ti mismo, tantas oportunidades de crecimiento, de superación personal, de conocimiento, por el simple hecho de tener miedo a lo desconocido o por tener miedo al riesgo?

Si tenemos sueños, también tenemos miedos porque el cumplimiento de nuestros sueños puede traer consigo retos, pérdidas, aventuras, riesgos…y un futuro incierto. Sin embargo, si no actuamos, si preferimos quedarnos donde estamos, en nuestro estado mental de costumbre, donde nada enriquece pero se vive en una “aparente estabilidad” podemos llegar a sentirnos realmente fracasados, envejecidos prematuramente y esto efectivamente trae consigo; retos, perdidas, riesgos y desde luego un futuro incierto…

¿Qué prefieres? ¿Qué decides?

Tus elecciones determinan tu vida y todos los días tomas millones de ellas. Seamos conscientes de que si basamos nuestras decisiones sobre la base de nuestros miedos e inseguridades tendremos un camino restringido, y serán estos miedos e inseguridades quienes determinen nuestra vida diaria y obviamente quienes se proyecten en nuestro futuro.

Si eso es lo que decidimos, debemos hacernos responsables de esa elección, aceptando sus consecuencias y no pasar nuestra existencia quejándonos de todo lo que no nos gusta, porque si escogemos esa opción dejamos de lado el resto de oportunidades para mejorar nuestra calidad de vida y la de los que nos rodean, asumiendo entonces esa otra forma de “fracaso”.

¿Y qué es el fracaso? ¿Qué es para ti una persona fracasada? Más allá de declarar una verdad absoluta, estos conceptos están teñidos de una gran carga subjetiva que infiere nuestras experiencias; tanto personales como las que hemos aprendido a través de la observación vicaria y que nos han impactado a nivel emocional. La definición que le demos a estos conceptos tendrá mucho que ver con las creencias que tenemos sobre la vida, en gran parte heredadas y que hemos ido confirmando a lo largo de nuestro crecimiento como personas adultas.

Lo realmente importante es saber si estas creencias son en sí limitantes para nosotros,  si la respuesta es positiva, encontremos la motivación para cambiar estos patrones restrictivos que nos hacen daño por otros que nos estimulen y nos ayuden a prosperar.

La responsabilidad de nuestra vida es solo nuestra, nadie la vivirá por nosotros, nadie alcanzará nuestros sueños ni nos salvará de nuestras frustraciones, al final terminaremos dándonos cuenta de que somos nuestra mejor compañía, nuestro mejor impulso o nuestra mayor limitación, todo depende de nuestra elección.
¡La evitación del fracaso, nos conduce, más tarde o más temprano, a la aceptación ineludible de sentirnos fracasados! Al fin y al cabo, lamentablemente terminamos atrayendo a nuestra vida aquello que más tememos, al menos de que nos demos cuenta y queramos hacer algo distinto. Todo es cuestión de QUERER y dar el primer paso.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Miedo al miedo…TERROR!

Todo va bien hasta que…dejamos de ser “los mismos de antes”…dejamos de actuar igual, sentimos que perdemos el brillo, la “chispa”, “EL CONTROL”… “algo” o “alguien” nos han arrebatado nuestro ser. Es muy probable que ante este estado nos invada la angustia, la confusión, el desconocimiento y nos dejemos abatir por el MIEDO y por el miedo al miedo, que es aún peor…

El miedo es una de las emociones más temidas por todos, desde niños sabemos lo que es la extrema vulnerabilidad que nos impulsa a querer estar bajo el abrigo de nuestros padres o cualquier otra figura de apoyo en búsqueda de refugio. Y aunque la vida continúe y nos hagamos mayores, esta emoción primaria continúa presente ante cualquier situación que se nos presente de forma inesperada, violenta o que reconozcamos como peligrosa; pudiendo ser real o producto de nuestra imaginación.

Sirve de ayuda entender que no existe tal denominación de: “emociones negativas” o “emociones positivas”, como solemos llamarles en la actualidad. En realidad todas son respuestas conductuales que nos permiten adaptarnos y muchas veces SOBREVIVIR a nuestro entorno, sea éste físico o mental.  

La máxima expresión del miedo es el TERROR y cuando nos vemos ahogados por esta emoción, la respuesta natural es la PARÁLISIS, el bloqueo. Esto es el producto de reconocerme tan carente de recursos para enfrentar “esta o aquella” situación que mejor es quedarme sin mover un dedo, porque actuar significaría perder (la vida, la integridad, el status, la pareja…etc)

 A veces ocurre que vivimos unos cuantos años creyendo que nos conocemos, que sabemos cómo actuamos y de repente comenzamos a reaccionar de forma totalmente opuesta. Si éramos activos; nos invade la apatía, si nos pensábamos fuertes; ahora todo nos derrumba (o algunas situaciones en concreto), si creíamos que manejábamos cualquier circunstancia y todo lo teníamos bajo control; ahora nos quedamos bloqueados sin saber por dónde comenzar, o también puede ocurrirnos que de sentirnos totalmente seguros; ahora nos vemos dudando de todo, pensando mal de los demás y con una gran sensación de minusvalía…

Las situaciones más oscuras de nuestra vida nos ofrecen las mayores posibilidades de crecimiento y conocimiento personal. Todas estas reacciones que vivimos como desconocidas y que nos tambalean, no son sino manifestaciones de nosotros mismos explorando otros polos de nuestra personalidad (hasta el momento negados) pero que según la situación que estemos viviendo, saltan a la luz.

La primera reacción a tener en cuenta es ACEPTAR que estoy viviendo una situación ambigua, desconocida y asimilar todas las emociones que surjan, dejarlas cumplir su ciclo. No olvidemos que el principal objetivo de las emociones siempre es adaptativo, generalmente buscan protegernos. El segundo paso es RESPETAR que estoy pasando por un proceso diferente. Mirarme con respeto significa mirarme con amor y esto implica admitir que no soy perfecto y que necesito aceptarme y amarme con mis luces y mis sombras.

El tercer paso sería DARME CUENTA de cuál ha sido la creencia limitadora que me ha llevado a sentirme así. Siempre que exploramos alguna polaridad oculta y desagradable hay de fondo alguna opinión acerca de mi mismo que me limita (“no soy capaz, no soy merecedora de amor, no soy lo realmente buena, no merezco la felicidad”…) y una vez identificada, el último paso sería TRANSFORMARLA en una opinión constructiva, alguna nueva creencia que me impulse a cambiar mi visión de mi mismo hacia una mirada más integral.


 El miedo al miedo es solo una resistencia a darnos cuenta de nuestros vacíos. Cuando llenamos estos vacíos con aceptación, dejamos de sentir miedo para sentir respeto y amor y al reconocerme con mis fortalezas y mis debilidades, me hago un ser más completo y seguro!

domingo, 14 de julio de 2013

La quimera de la estabilidad...



La estabilidad, esa en la que invertimos tantos minutos de nuestro tiempo anhelando y suspirando… no es más que una construcción social, una invención tentadora con la que nos dejamos seducir cada vez que damos rienda suelta a la imaginación. 

Esta actividad mental se convierte en una rutina peligrosa, al fin y al cabo,  se trata de una “invención” y no existe sino en nuestro imaginario (individual y colectivo) ¿Somos conscientes entonces del riesgo al cual sometemos nuestra integridad emocional una vez que hacemos depender nuestra felicidad de un estado aparentemente inalcanzable?

Es posible que el concepto de estabilidad que manejamos en la cotidianidad provenga de comparar nuestro estado presente con un recuerdo o memoria anterior, probablemente de nuestros antepasados quienes vivían de forma muy distinta a la nuestra, con una percepción del tiempo que no llegaremos a conocer en la actualidad. 

Si la estabilidad refiere a un estado “estacionario, invariable en el tiempo” ¿Qué sentido tiene entonces este término en nuestros días, en un mundo en el que lo más “estable” son los cambios…?
Estamos siendo continuamente entrenados en una incómoda dualidad; por un lado tenemos este ideal de la estabilidad (de pareja, económico, social) transmitido generacionalmente y reforzado continuamente a través de los medios de comunicación y por otro, un aprendizaje crudo y real que vivimos diariamente a través de los pequeños y/o grandes golpes que nos da vida. 

Este aprendizaje no es otro que el de la tolerancia a la frustración en el que descubrimos una y otra vez, que esa fantasía no es factible tal y como no las planteamos y que por lo tanto, la constante proyección a una idea que no se adapta a nuestra realidad, nos causa mucho sufrimiento, además del agotamiento extremo por nunca llegar a la meta deseada.

Gracias a esta disonancia podríamos llegar a pensar erróneamente que no somos dignos de disfrutar de ese sueño, dando por sentado que solo “algunos más capaces” (a quienes tenemos idealizados) tienen ese privilegio.

¡Qué difícil se nos hace entender que el único momento que tiene sentido y realidad en nuestras vidas es el AHORA!… es el único sorbo de estabilidad al cual podemos aspirar cada día. 

La estabilidad termina siendo la consecuencia de la tranquilidad que nos generen nuestros pensamientos diarios, la confianza que tengamos en las decisiones que tomemos. Por lo tanto, si constantemente te proyectas a un futuro irreal, siempre tendrás la sensación de inestabilidad y desconfort, en cambio, si vives tu presente disfrutando y dejándote sorprender por los detalles de cada día, adquiriendo la seguridad necesaria al enfrentarte a cada situación difícil sin huir de ella, la sensación de estabilidad cobrará sentido para ti.

Creo que, como proyecto de salud personal, debemos recrearnos este concepto, adaptándolo a lo que realmente tiene sentido para nosotros (no al contrario) La vida hay que vivirla con la marca original de nuestros propios criterios, no siguiendo o pretendiendo seguir los de otros, incluso los de otras épocas.

lunes, 25 de marzo de 2013

Escucha tus síntomas…


Escucha tus síntomas…



No es posible despertar a la consciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad” Carl Jung.




Después de un largo tiempo ausente…retomo feliz el contacto con un tema de gran profundidad e interés para todos; La relación mente-cuerpo, más un elemento adicional que es el impulsor y sostenedor de los otros dos: El espiritual.

Esta entidad, la mayor parte del tiempo silenciada por nuestro ruido interno, funciona como un observador que nos advierte y sostiene. Alejado del ego, se encuentra más bien cerca de nuestra divinidad interior (Yo interior).




Creo firmemente en el potencial humano, en nuestras grandes capacidades para vivir felizmente y encontrar nuestro mejoramiento continuo, también veo en contraposición que desperdiciamos continuamente la mayoría de nuestros recursos, que desconocemos nuestras múltiples virtudes y que la mayor parte del tiempo, tristemente decidimos vivir así.

La verdad es que no se nos suele educar para ser completos y felices y una vez que tenemos edad para darnos cuenta de ello, muchas veces elegimos no ser responsables. Preferimos “culpar” y asumir una postura “cómoda” en la que nos salvaguardamos en lo creemos que es lo más “seguro” porque es lo que “conocemos”. Sin embargo, de este modo, nos estancamos en un sufrimiento absurdo que nos mantiene en la oscuridad interior.

No hay que temerle a la palabra responsabilidad, simplemente significa que tenemos la capacidad para responder ante la vida y la vida por la que transito hoy es solo mía, yo soy el único que puede responder ante cada una de las cosas que me acontecen. Yo soy el único que puede permitir que algo me afecte o que sea un impulso para mi aprendizaje y crecimiento personal. Esta decisión es solo mía porque aunque creamos lo contrario, el poder está siempre dentro de mí.

Todos hemos sido creados perfectos y armónicos, es a partir del contacto con el medio cuando comenzamos a dividirnos, a des-conocernos y des-conectarnos con nuestro ser interior. En busca del amor y la aprobación del otro intentando satisfacer a los demás, vivimos para otros, dependientes del amor externo y esto es imposible y poco sostenible a nivel emocional. En ello perdemos en parte nuestra identidad, nos invade un profundo desconocimiento de lo que somos realmente, de nuestras propias necesidades y gracias a esta desconexión mente-cuerpo no tardarán en manifestarse algunas enfermedades o reacciones corporales.

Cuando dejamos de SER, dejamos de vivir en sintonía con nuestra sabiduría interior, que también incluye esta parte espiritual que menciono al inicio; siempre sabia, siempre conocedora de nuestro bien. Esta desconexión puede hacernos llevar una vida que no es la que nos conviene y por lo tanto, tarde o temprano, nos traerá más sufrimiento y dolor.

Cuando no estamos en sintonía, nuestra mente comienza a generarnos pensamientos dañinos y catastrofistas. Nuestro cuerpo en supervivencia, nos enviará señales, pero estaremos tan sumergidos en nuestras habituales reacciones defensivas, que no le escucharemos. Ante el desconocimiento de lo que nos ocurre, muy probablemente nos invadirá el miedo… Nos sentiremos extraños dentro de nuestra propia piel y no tardará en aparecer la angustia.

Si no le prestamos atención, el cuerpo gritará pidiendo atención; “mírame, atiéndeme, no me exijas tanto, dame lo que necesito, detén tu mente por unos momentos…relájate, confía, suelta….” Lo cierto es que si nos miramos desde afuera, podríamos ver a un ser admirable totalmente desintegrado, que camina hacia su propia destrucción si no detiene esta involución.

¿Por qué esperar a ciertos extremos para reaccionar y/o tomar consciencia asumiendo las únicas responsabilidades que realmente nos corresponden?

Cada uno tiene un despertar único. Hacer consciente la oscuridad interior implica un proceso muchas veces doloroso pero siempre gratificante al final. Implica valentía; para enfrentarte a todo aquello que en algún momento, consciente o inconscientemente, has negado. Humildad; para aceptar aquello que no quieres ver de ti mismo. Confianza en ti mismo y en el proceso de la vida que siempre te sostendrá y finalmente apertura de consciencia que implicaría romper con viejos esquemas, atravesando el conocimiento que tienes acerca de ti mismo para dar paso a tu verdadero SER.



La decisión es solo tuya...




http://psicsaludvida.wix.com/psicsaludyvida

miércoles, 27 de junio de 2012

NO TE OBSESIONES CON LA PERFECCIÓN, BUSCA LA EXCELENCIA!!!!.



Si eres de los que persigue el ideal de la perfección podrás admitir (aunque sea  internamente) que, aunque lo has intentado hasta el cansancio, aún no lo has conseguido, cierto? Porque..."siempre las cosas podrían salir mejor" o "siempre hay una mejor manera de hacer las cosas"...
 
Bajo esta óptica, puede ser muy frustrante esforzarse tanto y al final no sentirse realmente satisfecho con el resultado. Siempre se dejan detalles por fuera, continuamente se comete algún error que por pequeño que sea, al evaluar nuestro desempeño, se convierte en motivo suficiente para amargarnos la existencia, impidiéndonos disfrutar del logro de la tarea o de la meta alcanzada. 

Aunque se diga que "la perfección no existe"... estas palabras no cobran sentido para el perfeccionista, conseguir ser ASÍ representa un mandato interior, es cuestión de principios. Se acepta como verdad la idea de que sí es posible llegar a la cúspide de lo impoluto...sin importar el coste.

Y cuáles serían los costes? Al sumergirnos en esta búsqueda de lo inalcanzable, no somos conscientes de todo lo que dejamos de lado. Transitamos por la vida sin disfrutar del camino, cargando con una gran exigencia que, como un dictador, nos demanda que "nada de lo que hagamos es ni será suficiente". La preocupación constante por el error nos sumerge en un mundo interior muy crítico, lleno de resentimiento y culpa por no alcanzar los elevados parámetros internos. 

Esta autocrítica constante nos conduce a un esfuerzo heroico por mantener los detalles y las circunstancias bajo control, reduciendo nuestra percepción y radicalizando nuestro pensamiento, sin hablar de lo crítico que nos volvemos hacia los demás...un reflejo de lo poco tolerante que somos con nosotros mismos.
Si solo pudiéramos darnos cuenta de los estériles que son nuestros esfuerzos por perseguir ideales tan poco realistas ... Si llegamos a entender que no vale la pena invertir tanta energía si no disfrutamos del proceso, del camino, de los fracasos, de los errores y caídas, seríamos al menos (y desde luego) más felices...Cómo podemos llegar a valorar lo que es PERFECTO cuando no reconocemos en nosotros la IMPERFECCIÓN? 

El mejor ejemplo de imperfección lo encontramos frente al espejo! Tan positivo es reconocer con orgullo nuestras mayores virtudes, como inspeccionar y reflexionar con humildad sobre nuestras faltas. El atrevernos a mirarlas con respeto, aceptándolas y decidiéndonos a cambiarlas, sobre todo para continuar mejorando, hace que persigamos la EXCELENCIA!

La excelencia sí que es posible porque parte del reconocimiento de lo que hay, pasando por la mejora continua hacia la calidad superior!!! No es solo un fin en sí mismo sino un proceso, a través del cual nos hacemos dignos de alta admiración y aprecio. Hacer valer nuestras capacidades extraordinarias para mejorar incluso nuestros puntos más débiles, nos hace personas difíciles de igualar.

Por tanto, sea cual sea tú ámbito de acción, deja de invertir energías  en vano y atrévete a ser un ejemplo para otros. Disfruta de tus talentos, destaca en todo lo que hagas, no le temas a los errores, por el contrario míralos bien, puede que la próxima vez ese aprendizaje te lleve al éxito. Nunca descanses hasta conseguir tus objetivos, ábrete a tu propia realización y pese a cualquier circunstancia, toma la responsabilidad de todo lo que te ocurra, todo esto te permitirá ir creciendo y descubriendo nuevos recursos que te darán cuenta de tus enormes potencialidades. 

Por esto, no pierdas el tiempo buscando ser perfecto, inviértelo PERSIGUIENDO LA EXCELENCIA!!!

lunes, 21 de mayo de 2012

Dónde encontrarte...AMOR!


Hoy hablaremos de EL AMOR... el amor propio; como sustancia, esencia y motor que impulsa cualquier deseo, cualquier motivo consciente o no, en nuestra vida.

 
De todas las especies, el ser humanos al nacer, es el único que necesita muchísimo tiempo de maduración hasta conseguir su independencia...Nacemos siendo totalmente dependientes del amor y los cuidados de nuestra madre o cuidador (es). 

Durante este largo período de tiempo en el que "somos a través de un otro que nos cuida" aprendemos, entre muchas cosas a diferenciarnos, a formar parte de un todo por medio de lazos afectivos que luego llamaremos  APEGO. Esta necesidad primaria de afecto será tan determinante en nuestras vidas, que influirá en la manera cómo establezcamos lazos afectivos de proximidad y contacto con nuestro entorno más adelante.

Una buena relación con las figuras de apego nos garantiza la deseada seguridad personal y por tanto, la percepción de una alta autoestima. Sin embargo, no siempre fueron satisfechas nuestras necesidades, la fragilidad y dependencia de un niño le hacen muy vulnerable ante la falta de atención, los abusos, los juicios (...) pudiendo desencadenarle sentimientos de inadecuación, rechazo, vergüenza, culpa...

Todas estas carencias de no ser trabajadas nos acompañarán a lo largo de nuestra vida, saboteando nuestro aprecio personal, nuestras relaciones con los demás, en fin, nuestra felicidad. La clave para sanar estas heridas se encuentra dentro de nosotros mismos, no en el afuera como solemos creer. Si intentamos acudir al entorno para demandar estas necesidades, pronto nos daremos cuenta de que el esfuerzo ha sido en vano y muy probablemente sentiremos gran frustración, confusión y angustia. 

Necesitamos entonces poder encontrarnos nuevamente con aquel niño o niña que de alguna manera fue herida y con inmenso amor y gran cuidado proveerle de todo aquello que no recibió en aquel entonces. Este proceso requiere de un tiempo para madurar ciertas emociones, no solo para entender "respetando" a las figuras de apego "sin juzgarlas", sino también para entendernos y de ese modo respetar nuestro proceso. Se trata del cuidado de nosotros mismos en nuestra fase más frágil y vulnerable.

Una vez que hayamos atravesado por este camino, nos hayamos reencontrado con nuestro ser más dependiente y le hayamos entregado nuestra admiración, respeto y compasión, inmediatamente la percepción de nuestra vida en relación con nosotros y con los demás, cambiará por completo. 

Al llenar nuestro tanque interior con nuestro AMOR, no necesitaremos pedirlo, exigirlo y mucho menos tendremos que engañar o intentar ser otros para conseguirlo. Será más fácil SER QUIENES SOMOS pues estaremos a gusto y satisfechos por lo que sentimos, hacemos y pensamos. No habrá comparación sino la plena aceptación de NUESTRO SER y por tanto una mayor LIBERTAD DE AMAR. De esta forma nuestras relaciones con el entorno no serán guiadas por esa dependencia, sino desde la independencia de nuestro interior y por lo tanto, serán más efectivas y satisfactorias.