miércoles, 23 de noviembre de 2011

Viviendo dentro de un desconocido...



Me atrevo a ser lo que soy o elijo ser lo que tú quieres que sea???



Te has preguntado alguna vez si haces las cosas o dejas de hacerlas por voluntad personal o porque con ello esperas obtener algo del otro? Puede que no te hayas detenido alguna vez a pensar en esto, pero es muy frecuente que en algún momento hayamos dejado de ser nosotros mismos para complacer a otros o para obtener algún beneficio secundario, por ejemplo; sentirnos aceptados, amados, apoyados...

Todas las decisiones que tomamos, conscientes o inconscientemente, tienen un impacto en nuestra vida y ésta en particular nos marca lamentablemente de forma negativa. Puede que en un principio veamos solo beneficios porque al mimetizarnos en el otro y con el otro aparentemente nos acomodamos a su forma de ser y el otro puede  agradecerlo...dándonos lo que esperamos, pero llega un punto en el que podemos llegar a perdernos en el otro, dejando de lado lo que somos, lo que queremos y de esta forma, nos desconocemos.






Perder el sentido de quienes somos resulta muy angustiante y confuso. Se trata de dejar de establecer un contacto genuino con lo que nos hace realmente felices, cómodos y libres. Y así como podemos olvidar recuerdos del pasado, podemos también no recordar cómo relacionarnos con nosotros mismos, cómo hacer que esa mirada que con tanto esfuerzo mantenemos hacia el exterior, ya no tenga sentido mirando dentro.

Cuando esto ocurre, nos sentimos inseguros, desconfiados, con baja autoestima, dependientes, confundidos y muy frustrados, nada nos satisface porque hemos perdido el sentido, nos hemos distanciado de nuestro norte y el peligro es que mientras más nos dejemos distanciar de nuestro centro, de nuestro ser, más desconocido nos resulta y más miedo nos da acercarnos...

Cuando no sabemos lo que queremos, lo que necesitamos, se nos hace más difícil establecer límites ante el mundo. Los límites son necesarios en nuestra vida, nos distinguen, nos protegen nos hacen firmes, únicos, nos permite empoderarnos de lo que somos, de lo que no somos y de lo que queremos seguir siendo.




Mantener una imagen que no es la nuestra nos desgasta, nos frustra...y nos entristece.

Los límites nos dan seguridad y estructura y nos muestran también nuestras carencias, indispensables para seguir creciendo y aprendiendo a ser mejores.


Al fin y al cabo, nuestra satisfacción es genuina cuando el otro nos aprecia por lo que somos, de este modo sí hay intercambio, contacto real! Por lo tanto, nuestro ser en unidad (pensamiento, sentimiento y acción) fluye en armonía y se enriquece de “SER”...


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